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 DESPEDIRSE DE LOS SERES AMADOS Y PONERLOS EN CAMINO

 

 

Cuando hayas completado el ejercicio de relajación, puedes utilizar este ejercicio para liberar a tus seres queridos en espíritu. Empiezas por visualizar a tu ser querido como la imagen viva de la perfecta salud, de pie y delante de ti. Cualquier enfermedad que haya tenido ya no ejerce efecto alguno sobre su nuevo cuerpo.

 

Aunque su fallecimiento haya sido rápido y hasta traumático, imagínalo íntegro, feliz y lleno de vida frente a ti.

 

Pinta todos los detalles posibles. Puedes visualizarlo con ropas conocidas, imaginar su aroma, concentrarte quizás en una marca de nacimiento, una postura característica o un peinado en especial. Cuanto más detallada sea la visualización, más efectivo resultará el ejercicio.

 

Una vez que tengas un retrato detallado en la mente, inicia una conversación. Pregúntale por su transición al estado de espíritu, como se siente ahora. Cuéntale cómo te has sentido desde su muerte. Háblale del dolor que aún sientes.

 

Habla con tu ser querido y luego escucha sus respuestas. No interrumpas el ejercicio, aunque te parezca que no haces sino hablar contigo mismo. Es importante llevarlo a cabo hasta el final sin racionalizar parte alguna. Disfruta de su compañía una vez más.

  

 

Quizás te traiga el recuerdo de algún momento que compartisteis con él o ella en el plano físico, y del placer que les dio a ambos la mutua compañía. 

 

El siguiente paso de tu viaje es tomar al ser querido de la mano para viajar juntos a un bello jardín, lleno de hermosas flores, de diferentes formas y tamaños. Huele la fragancia de ese increíble jardín. En este magnífico paisaje hay espléndidas estatuas y fuentes donde los pájaros retozan y gorjean.

 

A la distancia se oyen juegos y risas de niños. Todos los elementos que te rodean son perfectos. Disfruta del esplendor, la paz y la tranquilidad de este lugar especial.

 

Mirando a lo lejos, vemos edificios imponentes. Ambos, el espíritu y tú, van hacia ellos. A medida que se acercan, ves centelleantes columnas de perlas en un edificio increíble, que reverbera en un rosado claro. Está rodeado por otras construcciones, que se extienden perfectamente separadas entre sí. Cada uno difiere levemente en cuanto a diseño; de cada uno emana una sensación de mundo celestial. Penetras con tu ser querido en ese gran edificio y te encuentras dentro de una sala inmensa.

 

En el centro de esa habitación hay una gran pantalla cinematográfica. Cuando la miras, las luces se atenúan y se inicia una película. Refleja los hechos y las experiencias que alguna vez compartiste con el difunto.

 

La película comienza cuando lo conociste y continúa a partir de ese punto. Mientras miras esas vívidas experiencias compartidas, percibes la emoción que corresponde al momento. Hazlo por todo el tiempo que sea necesario. Disfruta de los momentos que compartiste con él o ella.

 

Al terminar la película experimentas una sensación de alivio, de cosa completa y terminada. Ambos han compartido una porción de tiempo, pero aún no ha terminado, pues habrá más experiencias para comprar en otro momento. Empiezas a comprender que tú y el difunto han compartido otras vidas en el pasado y que volverá a suceder en el futuro.

 

 La vida continúa, en esta tierra o en el cielo.

 

 

Después, ambos salen del edificio y salen al jardín. Entre los maravillosos, increíbles paisajes de bellas flores y verdor, se destacan varios seres vestidos de blanco. “¿Quiénes son?”, les preguntas. Tu ser querido responde: “Son mis maestros. Me están ayudando a conocer mejor este lado”. Miras al fondo de esos ojos sapientes y ves en ellos compasión. Ellos te devuelven la sonrisa para infundirte seguridad, entonces sabes que tu ser querido está donde debe estar: en casa, en un sitio de increíble vida y crecimiento. Uno de los maestros se acerca a ti y te entrega un corazón de plata que cuelga de una cadena del mismo metal. Te dice que abras el corazón, y lo haces.

 

Luego agrega: “Llena el corazón con todas las cosas maravillosas que quieras dar a tu ser amado para que las conserve en este nuevo mundo”.

 

De pronto, tu mente está plena; todos tus pensamientos se vierten en el corazón de plata: lo que deseabas decirle a tu ser querido, todas las palabras que pensaste sin pronunciarlas, todos los sentimientos, expresados o no, todo lo que querrías que él recordara. Visualiza estas ideas, sensaciones y palabras llenando el interior de corazón de plata; entonces el corazón empieza a refulgir. Refulge tanto que apenas puedes mirarlo.

Lo cuelgas al cuello de tu ser amado, para que le acompañe siempre; es una parte de su amor que no puede morir jamás. Lo abrazas y él te dice: “Siempre estaré contigo”.

 

Llega el momento en que debes volver a la tierra, pues así como tu ser querido debe seguir aprendiendo y trabajando donde se encuentra, tú debes realizar el trabajo dónde estás. Y así se hace. Abandonas esta tierra de esplendor con una sensación de vida real y la seguridad de que volverás a encontrarte con él en el jardín de las delicias celestiales una vez que completes tu aprendizaje en la tierra, cuando llegue ese momento, el ser que amas saldrá a recibirte y te acompañará de regreso al hogar.

 

 

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